SSD
Una unidad de almacenamiento sin piezas móviles, basada en memoria flash, mucho más rápida que un disco duro.
Los discos duros tradicionales (HDD) guardan los datos en platos que giran, con un cabezal que se mueve. Los SSD usan chips de memoria, así que acceden a los datos casi al instante: Windows arranca antes y los programas se abren mucho más rápido.
Hay SSD con conexión SATA (como los discos duros) y en formato M.2, que pueden ser SATA o NVMe, estos últimos los más rápidos.
Un ejemplo
Cambiar el disco duro de un portátil viejo por un SSD es la mejora que más se nota: pasa de tardar minutos en arrancar a unos segundos.
Por qué importa
Cambiar un disco duro por un SSD es una de las mejoras que más se notan en un ordenador antiguo. El sistema arranca en segundos, los programas se abren casi al instante y todo responde con más agilidad, porque el almacenamiento deja de ser el cuello de botella.
Además, al no tener piezas móviles, son más resistentes a golpes, silenciosos y consumen menos, algo que se agradece en portátiles. Para guardar grandes volúmenes de archivos a bajo coste, el disco duro sigue teniendo sentido, pero para el sistema y los programas de uso diario el SSD es hoy la opción habitual.
Confusiones frecuentes
Se oye que un SSD «se gasta» pronto por las escrituras. Es cierto que las celdas tienen un número limitado de escrituras, pero en uso doméstico habitual la vida útil suele superar con creces el tiempo que mantienes el equipo. Tampoco son todos iguales: SATA y NVMe tienen velocidades muy distintas, y la capacidad influye en el rendimiento.
Preguntas frecuentes
¿Puedo clonar mi disco duro a un SSD sin reinstalar Windows?
Sí, con programas de clonado que copian el sistema completo al nuevo disco. Asegúrate de que el SSD tenga espacio suficiente y de hacer antes una copia de seguridad.
¿Debo desfragmentar un SSD?
No. Es innecesario y desgasta las celdas. Windows ya aplica automáticamente una optimización adecuada para SSD.